07 enero, 2013

# Inicios

Aquella tarde el cielo se mostraba reacio a desprender su habitual color azul, encapotándose con un manto de nubes grises que no mostraban un aspecto agradable.
Desde la ventana de mi habitación  rasgada por el paso del tiempo, podía ver como la ciudad se sumía en aquel nubarrón que amenazaba con descargar intensamente sobre las calles de aquella perdida ciudad. 
Di la ultima calada al cigarro que sostenía con mis labios, y con un ágil movimiento lo impulse hacia el vació  sabiendo que tardaría varios minutos en llegar al suelo. 
Me levante del borde de la ventana, me puse las botas y una vieja chaqueta de cuero raído  eche un vistazo a los bolsillos comprobando que llevaba todo lo necesaria, que se reducía a las llaves, un par de cigarros y el mechero, y una vez listo crucé la puerta dispuesto a encontrarlo un día mas.
El viento que se movía junto a las nubes hizo que llevase la cremallera a lo mas alto y las manos a los bolsillos.
Comencé a caminar sin rumbo, como cada día desde Dios sabe cuando.Unas primeras gotas de lluvia hicieron que la muchedumbre abriese sus paraguas y que lo mas olvidadizos corriesen a resguardarse. Un primer destello de luz, acompañando a un fuerte estruendo hizo que los mas asustadizos desaparecieses, los mas curiosos se asombrases y  a mi, fuera de todo lo común, me hiciese sentir vivo.
La tormenta tardo pocos minutos en desatarse  con vendavales que robaban paraguas, destellos que iluminaban la ciudad y estruendos que removían los cimientos del edificio mas anciano.Pronto las calles quedaron totalmente vacías, dándole lugar únicamente al fluir del agua.
Volví a sentirme solo como tantas veces, pero vivo como muy pocas. 
De pronto una silueta apareció al fondo de la calle con el mismo aire despreocupado y resignado que me acompañaba desde hace tiempo...

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