12 junio, 2011

# Adrenalina.

Comienzo a abrir los ojos, estoy tumbado en medio de una habitación vacía y oscura, miro a mi alrededor sin encontrar nada, excepto algunos muebles llenos de polvo. 
Abro la puerta y la claridad de la luz me ciega, al volver a abrir los ojos me encuentro, perdido en algún lugar del inmenso mundo. Comienzo a correr sin rumbo alguno y sin dar cuenta a mi alrededor. 
Llego a una llanura, y en ese momento el mundo parece estallar en una guerra incontenible que llevaba miles de años tramándose. 
Puedo sentir el abrasador calor  del fuego luchando contra el gélido hielo, ráfagas de viento de una fuerza inimaginable se pasean por aquel lugar perdido llevándose consigo todo a su paso como si se tratase de un maqueta. De repente el viento me levanta del suelo elevándome a lo más alto, puedo ver la lluvia castigando con fuerza todo a mi alrededor, ríos desbordados, océanos enfurecidos. La tierra y las montañas eran agitadas bruscamente como si un niño pequeño jugase con sus juguetes. El caos nos había invadido. 
De repente 
caigo, puedo notar como me acerco precipitadamente al suelo, puedo ver el caos a mi alrededor y la adrenalina de mi cuerpo hace latir a mi corazón a una velocidad inimaganida, puedo sentir la adrenalina, grito, aun más, aun más, se que cuando mi cuerpo llegue al suelo todo acabará.
Y cuando puedo sentir el roce de mi cuerpo con aquella basta llanura, vuelvo a abrir los ojos encontrándome de nuevo en aquella habitación oscura.




Y me dí cuenta de que el caos a mi alrededor me hacía sentir totalmente seguro.







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