05 junio, 2011

# Asfixia

Y a veces me pregunto en que momento cambió todo, miro hacia atrás y recuerdo cada caída, cada lagrima cada gota de sangre que derramé.
Recuerdo como era pisoteado por el resto del mundo, como sentía sus manos en mi garganta negándome cualquier soplo de aire que consiguiese aportar un poco de oxigeno a mis pulmones, y recuerdo como disfrutaban viéndome sangrar. Miro mi piel, veo cientos de cicatrices y recuerdo como llegaron ahí cada una de ellas, recuerdo como intentaba evadirme de esas manos que me asfixiaban haciéndome sangrar a mi mismo, y lo conseguí, conseguí liberarme de esas manos y conseguí que el mundo dejase de pisotearme elevándome entre ellos.
Y ahora puedo mirar por encima de cualquiera que en aquel tiempo puso una mano en mi garganta.
Puedo caminar entre aquellos que me pisotearon y serán ellos los que se aparten para hacerme camino.
Sin embargo cada cicatriz sigue doliendo y soy yo mismo quien se ahoga. Soy yo y en lo que me he convertido, un trozo de piedra de cara al resto del mundo y un trozo de cristal para mi mismo.
Cada día aguanto sobre mi espalda el peso de aparentar, esa indiferencia hacia el resto del mundo, esa fortaleza ante cualquier situación, esa frase sin escrúpulos que ni siquiera yo mismo se de donde sale. No llego a conocerme, no puedo decíos quien soy ni en lo que me he convertido, solo puedo deciros que este es el precio que hay que pagar para sobrevivir entre personas que siempre estarán dispuestas a poner una mano en tu garganta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario