Me monte en aquel coche dirección a la nada. Unos cuantos de CDs, algunos refrescos y algo para picar, era lo único que necesitaba para hacer aquella travesía ¿ Mi objetivo? Abandonar la ciudad, la monotonía, poder olvidarme de todo el ruido. Dejar de preocuparme del sonido de los cláxones, el ruido de las obras, el ruido de la gente. Cambiaría el ruido de la ciudad por el silencio, un silencio que llevaba mucho tiempo buscando, un silencio con el que convivir algún tiempo y que me ayudaría a poner cada cosa en su lugar.
La travesía ya había comenzado, el aire entraba por la ventanilla bajada junto a los ratos del Sol, puse el CD en marcha cerré los ojos y deje que el viento acariciase mi cara olvidándome al fin del ruido.
Volví a abrir los ojos y podía ver el paisaje pasando antes mis ojos, inmensos valles, altas montañas, ríos cristalinos. El único ruido que allí podría encontrar seria el murmullo de algún rio, el canto de un pájaro, o el viento cortando en mis oídos.
Podría quedarme eternamente dentro de aquel coche, sin saber a donde ir, sin saber cuando llegar, sin saber nada del mundo, disfrutando únicamente del silencio, pero sabia que antes o después tendría que abandonar el vehículo y volver a la realidad volviendo a estar pendiente del ruido.
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