Acto seguido lo estrellé contra el suelo rompiéndose en mil pedazos como si se tratase de cristal, los latidos callaron, mis lagrimas se secaron, mis sentimientos se apagaron, la luz de mis ojos desapareció y mi sonrisa se volvió rectilínea. Salí de la habitación caminando sobre los pedazos que se hacían aun mas pequeños, con la mirada fija en el frente y sin darle importancia a mi alrededor.
Entonces te encontré, me crucé contigo y tu mirada. Permanecí desafiante frente a ti y con paso firme y decidido cada vez acortaba mas la distancia entre nosotros Podía sentir la fuerza de tu respiración golpeando el filo de mis labios, podía notar el roce del extremo de tus dedos en la palma de mi mano y finalmente decidí rodearte fuertemente con mis brazos. De repente pude sentir como cada pedazo tirado en el suelo volviendo a la vida junto a aquel sonido.
Fue en ese momento cuando comprendí que sería para siempre.
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